Plotino: ¿cómo surge lo múltiple del principio Uno?
Introducción a la metafísica neoplatónica. Las tres hipóstasis: Uno, Inteligencia y Alma
El día de hoy, por fin, entramos en el último período de la filosofía antigua, la Antigüedad tardía, de la mano de Plotino, fundador del neoplatonismo, sistema de pensamiento que será tan importante en el pensamiento medieval y, también, en el idealismo alemán. En esta oportunidad, nos cenraremos en la metafísica plotiniana, específicamente, en su sistema de hipóstasis, tratando de responder a la pregunta de cómo surge la multiplicidad a partir del principio Uno.
Plotino vivió en el siglo III d. C. (205 - 270 d. C.). Era egipcio y desarrolló su carrera en la icónica ciudad de Alejandría. Su obra, las Enéadas, fue compilada y organizada por su mayor discípulo, Porfirio. Las Enéadas consiste en seis grupos de nueve tratados cada uno. Plotino, a su vez, se presenta como un exégeta de la filosofía anterior, en especial, de Platón. De hecho, parecería que él habría tomado el principio Uno del Parménides de Platón, principio que aparecería con más detalle en las supuestas doctrinas no escritas de Platón.
Por otra parte, la finalidad de su filosofía era lograr la unión del hombre con la Divinidad, es decir, esa unión mística que se durante el éxtasis, momento de máxima contemplación que está más allá del lenguaje. Aunque la mísitica suele asociarse con el pensamiento oriental, lo cierto es que ha estado presente en las distintas religiones, incluso en el cristianismo —hay toda una tradición de mística cristiana. Para lograr dicha unión mísitica, Plotino sostiene la necesidad de purificarse. Ahí radicará la ética de Plotino, que sirve a su propósito filosófico o, podría decirse, religioso. Pues, en ese sentido, la filosofía plotiniana tiene tintes religiosos, en una época en la cual se busca la salvación del alma.
Entonces, la metafísica de Plotino consiste en un sistema de tres hipóstasis como causas concatenadas entre sí, donde de lo superior procede lo inferior. En ese sentido, debe entenderse como un sistema de procesión, desde el primer principio, el Uno, hasta la materia, que no es considerada una hipóstasis porque no produce nada.
Veamos cada una de las hipóstasis:
1. Primera hipóstasis: el Uno
Se caracteriza por ser sobreabundancia de ser y pensamiento, es decir, los sobrepasa y, por ello, no se puede decir que el Uno sea ser o pensamiento; está más allá de ellos. Siguiendo a Platón, Plotino lo identifica con el Bien. Además, Plotino aclara que nada puede decirse del Uno, es decir, no se le puede atribuir ningún predicado o característica porque lo trasciende, pues es ilimitado e indeterminado. Todo predicado resulta inadecuado para expresar su realidad trascendente. Por esa razón, se dice que es inefable. Entonces, ¿cómo puede hablarse de él? Solo puede hablarse de manera negativa o por analogía. Incluso el nombre Uno es inadecuado, pero de alguna manera hay que referirse a Él.
Aun teniendo en cuenta todo esto, Plotino le atribuye las siguientes características: simple, indivisible, indeterminado, siempre idéntico a sí mismo, inmóvil, ilimitado, indeterminado, incognoscible, pues solo lo determinado puede ser conocido (y nombrado). A su vez, el Uno se caracteriza por ser una ilimitada o infinita potencia productora, es decir, es actividad autoproductora. Y, por ello, engendra en reposo. Al permenecer, por su propia perfección y sobreabundancia, produce. En ese sentido, lo producido que emana de lo Uno emerge de manera necesaria de él.
¿Cómo surge o procede algo de lo Uno?,¿cómo la multiplicidad e imperfección puede surgir de un principio perfecto y uno? Todo procede del principio por su propia necesidad, por su potencia inefable; es como si el mismo principio se desbordase a sí mismo y, de este modo, efectuase al ser y al pensamiento. Su infinita potencia lo lleva a emanar. Lo Uno genera por su propia perfección: su misma sobreabundancia lo lleva a producir. Plotino describe la procesión o emanación con el símil de la luz o una cascada, donde la fuente originaria nunca deja de ser. Citando a Reale y Antiseri, el Uno se autopone libremente y, de esta manera, actúa como una potencia infinita que se expande por necesidad, produciendo lo distinto de sí. En ese sentido, la procesión puede entenderse coml una irradiación de luz desde una fuente luminosa en forma de círculos sucesivos, o como ondas en el agua.
Entonces, surge la segunda hipóstasis: la Inteligencia o Espíritu.
2. Segunda hipóstasis: la Inteligencia o Espíritu (Noûs en griego):
Con esta segunda hipóstasis surge la dualidad, pues la Inteligencia es sujeto y objeto. Es sujeto que intelige las Ideas y es, justamente, objeto del inteligir, en tanto las Ideas están en ella. Las Ideas, también llamadas razones o semillas, son las Formas platónicas. En ese sentido, es el primer paso hacia la multiplicidad. La Inteligencia desea contemplar al Uno y, entonces, se contempla a sí misma, como un reflejo o una imagen de ese Primer Principio.
3. Tercera hipóstasis: Alma:
Esta surge en tanto la potencia que procede desde la actividad de la Inteligencia se dirige a contemplarla (a la propia inteligencia). Entonces, ahí, el Alma extrae su propia subsistencia.
El Alma es el vínculo intermedio entre entre el mundo onteligible o suprasensible y el mundo sensible. Es incorpórea e indivisible. Y ademas, contiene reflejos de las Ideas. En ese sentido, el Alma es una imagen múltiple de la Inteligencia.
Heredando la concepción griega de psique, el Alma es Vida porque es movimiento y, por ello, da vida a todo lo demás, es decir, a lo sensible. En ese sentido, es principio rector que ordena y gobierna. Es una y múltiple al mismo tiempo, pues todas las almas individuales son parte de ella, por decirlo de alguna manera.
A su vez, el alma humana forma parte de esa Alma como tercera hipóstasis. Es decir que todas las almas humanas son una conjuntamente. Por esa razón, el alma humana preexiste a su unión con el cuerpo y sobrevive tras la muerte del cuerpo. Pero pierde la memoria de su existencia terrenal. Por un lado, la unión con el cuerpo es vista por Plotino como algo natural y necesario para la experiencia del alma, pero, por otro, es entendido como una caída para el alma. Y por ello, es necesaria la purificación del hombre. No obstante, puede purificarse o redimirse gracias a que el noûs del hombre, es decir, la parte superior del alma, no se contamina con la materia. Su finalidad es la unión mística con el Uno.
Por último, la materia es entendida como carencia, privación, oscuridad, mal, y como la antítesis de lo Uno. A diferencia de las hipóstasis no es realidad subsistente y no produce nada. La materia surge del Alma como una extremidad del círculo de luz que se transforma en oscuridad. Y le otorga una forma para iluminarla. La materia no es subsistente ni produce nada. Tal como ya lo concibiese Platón, para Plotino el mundo físico no es más que un reflejo de las Ideas.
Por último, si resulta que la materia es algo negativo y el encarnarse significa la caída para el alma, entonces, ¿por qué se encarnan las almas particulares? Por un lado, se encarnan por necesidad ontológica, para actualizar todas las potencialidades del universo. Pero, una vez encarnada, el alma se deja llevar por la materia, por el cuerpo, y se olvida de sí misma. Por lo tanto, debido a esa caída, debe reencarnar para purificarse.
Como hemos visto a lo largo de este artículo, Plotino llega a los límites del lenguaje, que se muestra incapaz de expresar la realidad Divina: aquel Principio Uno del que todo surge y al que todo retorna. Entonces, la realidad Divina resulta inefable, y solo puede ser captada en una experiencia directa: la experiencia mística o extática. Y todos los seres humanos están llamados a seguir este camino.
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Bibliografía:
Plotino, Enéadas, trad. Igal, J., Gredos.
Bréhier, E. (1953), La filosofía de Plotino, Buenos Aires, Sudamericana.
Copleston, F., Historia de la Filosofía 1, Grecia y Roma, Editorial Ariel, Barcelona, 1994.
Reale, G., Antiseri, D., Historia del pensamiento filosófico y científico, Barcelona, Editorial Herder, 1988.
Tonelli, M., “Introducción a Plotino”, en: S. Di Camillo, M. Tonelli, Filósofos griegos antiguo: Volumen I, La Plata, EDULP (Libros de Cáedra, Sociales), en Memoria Académica.



Gracias por esta introducción. En mis estudios sobre psicología suele nombrarse a Plotino y el neoplatonismo como influencias importantes en el desarrollo del pensamiento cristiano, el gnosticismo, el Renacimiento, la astrología y la filosofía perenne, por mencionar algunos campos. Pero suele quedar como una nota a pie de página. Tus artículos sobre estas materias me ayudan explorar estos territorios lejanos que todavía influencian (o incluso fundamentan) a la psicología y el pensamiento occidental.